Lo único que pude pensar fue en la ironía de la situación y que nuestra profesora de teatro estaba teniendo sexo en el camarín mientras nosotros tomábamos anís. Más allá de esto, parece que voy a las fiestas de teatro porque es mi delivery de
conflictos estivales. She might have had monomanía on the subject of her departed idol. Y encima Jack, sweet, lovely, no–chemistry–at–all Jack: “I want to know I didn’t lose an opportunity with you, please come to California”. La complejidad del concepto one-afternoon-stand es invencible para algunos. El tipo no tiene cómo saber lo estratégico que fue para mí saber que vive en la otra punta del continente. Recordame no salir más con extranjeros. Encima me escribió un mail recomendándome unas obras de Kerouac y Burroughs. Genial, otro pelotudo pro-generación beat. Me ponen sumamente del orto, estos y los que elogian desmesuradamente a Bukowski. Al menos las cosas con Harry se arreglaron después de la guerra fría. Nunca entendí bien el origen de su crisis nerviosa. Revolví un poco de mierda como me gusta hacer a mí y me tuvo toda la tarde del domingo justificando reacciones para las que yo no encuentro justificación. No puedo creer que Harry todavía siga comprando cuatro paquetes de galletitas distintas porque
no sabe cuáles me gustan. Ya le dije cien veces que no como nada que tenga dos tapas y relleno porque me pone neurasténica. Ayer mi profesor de lingüistica me dijo “If you give information, you give up power,” pero igual tengo que hacer ese puto ensayo de Steinbeck y el otro de D.H. Lawrence. Si sigo con este writer’s block no me voy a graduar nunca.