domingo 15 de enero de 2012

Kniha smíchu a zapomnění


Hubo una época en la que mi cara de apatía constante hacía que él me inflamara los ovarios cantando You’ve got to wake up every morning with a smile in your face y yo bueno, Carole King era incuestionable. Esto viene a que ayer a la mañana me golpeé la cabeza con el escritorio de mi habitación y me desmayé. Me desperté con la cara de la gata arriba de mis ojos y siete llamadas perdidas. Mientras evaluaba la dimensión del golpe, Harry me llamó para contarme que comenzó a tomar clases en el polígono de tiro. Le dije que después de tantos años sabía que este día iba a llegar, el día en que finalmente se convertiría en asesino Kellogs, pero me desestimó con un sabio "dejá de adoptar hobbies pedorros para ahogar tus impulsos homicidas, para seres como nosotros ejecutar armas es lo único drena la ira". También me contó que está saliendo con una tal Angie y se ofendió porque le dije que Angie es nombre de caniche toy ordinario. Igual todo mejoró cuando a la tarde me puse el tobillo rojo derecho en los oídos e hice people spotting en el parque durante cuarenta minutos, hasta que en un momento apareció Boyfriend con dos cafés enormes en las manos y el resto del mundo desenfocado. Soporte de mi veganismo y generador de los mejores orgasmos del universo. Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que fueron testigos de un instante de perfección.